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El retrato del Rey Responsable

  • lacoronadeespana
  • 22 sept 2021
  • 5 Min. de lectura

Actualizado: 20 oct 2021

Repaso a la biografía de Carlos III, el monarca español más admirado por Felipe VI, que ha colocado el retrato del Rey Ilustrado presidiendo su despacho


Un Rey para dos reinos


Cuando Felipe VI fue proclamado Rey de España, una de las primeras decisiones que adoptó fue la colocación en su despacho de un retrato de otro monarca español, antepasado suyo. Se trata de un cuadro de Carlos III, que reinó de 1760 a 1789 en uno de los períodos más fecundos de la Historia de España. Durante su mandato, introdujo en nuestro país las ideas ilustradas que estaban mudando la vieja piel de la Europa medieval para poner las bases de la sociedad contemporánea. Por ello Carlos III fue conocido desde entonces como el Rey Ilustrado, cuyo espíritu reformista y conciliador es el que quiere imprimir Felipe VI a su reinado.


Una de las similitudes entre ambos reyes es que accedieron a la Corona de España a una edad parecida, Felipe VI con 46 años, el 19 de junio de 2014, mientras que Carlos III fue proclamado rey a punto de cumplir los 44, el 9 de diciembre de 1759. Carlos III alcanzó el trono español después de haber sido ya rey de Nápoles y Sicilia, el llamado Reino de las Dos Sicilias. El reino había sido recuperado por Felipe V, padre de Carlos, quien expulsó a los austríacos que hasta entonces ostentaban el poder de Nápoles y Sicilia. Felipe V cedió el reino a Carlos, su tercer hijo, nacido de su segunda esposa Isabel de Farnesio. Además, tenía dos hijos mayores, y por tanto hermanastros de Carlos: Luis, el primogénito y heredero al trono español, y Fernando, nacidos de su primer matrimonio con María Luisa de Saboya. Así, Carlos reinó en Italia durante 25 años con el nombre de Carlos VII de Nápoles y Carlos V de Sicilia, o simplemente Carlo Borbone.


La experiencia de ese cuarto de siglo como monarca italiano fue el mejor bagaje del futuro Carlos III. En las Dos Sicilias se enfrentó a problemas que se asemejaban a los que encontraría en España más tarde. Éste fue el caso del gran poder de la aristocracia y de la Iglesia, que acaparaban cerca del 50% de las tierras, sobre las cuales ejercían también una jurisdicción absoluta, de forma que los vasallos no podían acceder a la Justicia. Para evitarlo, Carlos impuso la jurisdicción real por encima de la de los terratenientes, si bien el poder económico continuó en manos de la aristocracia. Otras medidas fueron el establecimiento de una Corte en Nápoles, a la manera de las europeas, o el impulso a la cultura como la creación del Teatro de San Carlos, para la representación de óperas. Destaca especialmente que fue el monarca que ordenó el inicio de las excavaciones de las ciudades de Pompeya, Herculano y el resto de localidades sepultadas por la erupción del Vesubio en el año 79.


El retorno a España


El desencadenante del regreso de Carlos a España fue la muerte de su hermanastro Fernando VI, segundo hijo de Felipe V, quien a su vez había vuelto al trono después de la muerte prematura de su primogénito, Luis I, en quien había abdicado previamente. Esto provocó que Carlos legase el reino de Nápoles y Sicilia en su tercer hijo, Fernando, y se embarcase hacia España, donde inició su reinado en 1859. La experiencia italiana, su carácter equilibrado, su profunda fe católica que compaginaba con una considerable apertura de miras y su talante poco inclinado a los conflictos, se tradujo en un largo período de progreso en un país que había quedado descolgado de las primeras potencias europeas, pero que aún conservaba el imperio más grande del mundo.


Carlos III firmó la paz con Francia, con cuya monarquía le unían lazos familiares, y se enfrentó con firmeza a Inglaterra que se estaba convirtiendo en la potencia emergente, a costa en gran parte de los enormes territorios españoles. Apoyó el desarrollo científico y cultural, con iniciativas como la célebre expedición Malaspina, que recorrió gran parte del planeta, especialmente la costa oeste norteamericana. También fue el impulsor de algunos de los símbolos modernos de España, como la bandera o el himno nacional. En su gobierno introdujo a políticos ilustrados como el Marqués de Esquilache, Campomanes o Floridablanca. Precisamente su tendencia ilustrada, junto con fuertes tensiones de poder con la Iglesia, estuvo en la base de la expulsión de los jesuitas de España que decretó en 1767, muchas de cuyas misiones en América pasarían a manos de la orden de los franciscanos.


El monarca también puso las bases de múltiples obras de ingeniería precursoras de muchas infraestructuras actuales, entre las que destacan la mejora de las comunicaciones, con la creación de miles de kilómetros de carreteras, o la creación de localidades nuevas como San Carlos de la Rápita, en la provincia de Tarragona. Algunos de estos proyectos, sin embargo, no llegaron a concluirse nunca. Tal es el caso de la construcción de un ambiciosísimo canal de navegación para unir Madrid con la costa atlántica. El canal debía atravesar Castilla desde Madrid para unirse al Guadalquivir y finalmente al océano. En total se trataba de un proyecto de más de 771 kilómetros de longitud y del que se llegaron a realizar 27 kilómetros. De esta obra aún se conservan los restos de la presa de Gasco, de 99 metros de altura y la más alta de su época, que debía retener el agua del río Guadarrama entre los actuales municipios madrileños de Torrelodones, Galapagar y Las Rozas. Sin embargo, una fuerte tormenta el 14 de mayo de 1799 derribó parte del paramento de la presa y la obra se abandonó definitivamente, tras 10 años de trabajos.


El Rey español de la independencia de los Estados Unidos


Uno de los episodios internacionales más importantes, y más olvidados, del reinado de Carlos III fue el apoyo decisivo que prestó a las colonias americanas en su guerra de Independencia con Inglaterra. España aportó soldados y financiación a la revuelta americana, que a la postre resultó fundamental para la creación de los Estados Unidos. De hecho, una figura clave fue el gobernador español de la Luisiana Bernardo de Gálvez, quien recuperó la Florida para España en 1781, arrebatando a los ingleses uno de sus bastiones estratégicos en plena guerra de la Independencia. Ello fue posible gracias al acuerdo de paz que España y Francia habían sellado secretamente, y en el que Carlos III hizo valer sus lazos familiares con la monarquía francesa para comprometerse a ayudar conjuntamente a los rebeldes americanos.


La biografía de Carlos III es, en sí misma, uno de los mejores reflejos de los logros, crisis y contradicciones de la Ilustración, una de las épocas más apasionantes de la Historia. No deja de ser paradójico que el principal impulsor del Siglo de las Luces en España fuese un monarca muy poco inclinado a la lectura, al teatro, la música o cualquier otra actividad cultural, más allá de la caza, su verdadera pasión y a la que dedicó todas y cada una de las tardes de su vida, excepto los días de Viernes Santo. Pero eso, precisamente, demuestra que Carlos III, tanto o más que el Rey Ilustrado,o el Mejor Alcalde de Madrid, como también se le conoce por su contribución al desarrollo de la capital, merece ser recordado como el Rey Responsable. Y eso porque el sentido de la responsabilidad de Carlos III, con sus aciertos y sus errores, lo dejó demostrado al anteponer el bien colectivo a su interés particular -al menos según los estándares de la época-, y entendiendo que el progreso y prosperidad de la Nación pasaban por el desarrollo cultural y científico, por el compromiso personal y colectivo y por la convicción profunda del papel primordial que España había representado y debía seguir ocupando en la Historia universal. Precisamente el legado que reivindica Felipe VI, su legítimo heredero, al colocar en su despacho, como una de las enseñas de su reinado, el retrato del Rey Responsable.


C.R.

Dabides

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